miércoles, 25 de abril de 2018

Los Aidualc. Capítulo 3


Karen la mamá de Emilia lloraba desconsolada sentada en la pequeña sala de su casa, su cara estaba roja y manchada del rímel que se le escurría por sus mejillas, Pablo su esposo la miraba atentamente con una de sus manos apoyada en su rodilla izquierda.
Emilia opto por mirar la escena de lejos, no quería interrumpirlos pero moría de la curiosidad por saber el motivo que tenía hecha tiras a su madre.
–No la hemos visto en años, pero ve la oportunidad de sacar ventaja y ahí aparece– decía entre llantos.
–Creo que no estás viendo lo positivo de la situación.
–¿Cual es Pablo? Porque sinceramente no veo la gracia que mi hermana después de tanto tiempo sin venir, vuelva y quiera quedarse en lo de mamá.
–Tendrás más ayuda de su parte para cuidar a coca.
– Tengo todo bajo control.
–Y no tenerlo tampoco es problema.
Emilia entendió muy poco la molestia de su madre, si venia más ayuda para cuidar a su abuela era mucho mejor.
Esa tarde se dirigió a la casa de su abuela, entro al lugar donde siempre se reunían, pero su abuela no estaba allí, su corazón comenzó a martillar rápidamente, fue hacia su cuarto pero tampoco estaba allí, antes de armar un escándalo llamando a Karen se dirigió al patio y allí estaba su abuela disfrutando del sol invernal. Fue hasta donde estaba y depositando un dulce beso en la mejilla le dijo:–Me asuste cuando no te vi.
–Mi dulce pequeña, quería tomar algo de sol.
Emilia sonrió busco con su mirada algo para sentarse a su lado y vio que su abuela tenía el cuaderno de sus historias en su regazo. Emilia no espero más y se sentó en el frio pasto que apenas asomaba.
–Hoy lo leeré yo– dijo la anciana.
Había pasado un tiempo, Alna ahora era gobernador de los Aidualc, se lo había ganado por su proeza de haberlos liberado del rey Eglón. Esta vez la batalla que Alan tuvo que enfrentar fue contra 600 hombres del pueblo que los quería gobernar por la fuerza, este pueblo eran los Sioux, Alan no tenía la daga de 30 centímetros ahora su arma era una aguijada de buey, Era una vara con una punta pequeña de hierro en la extremidad superior, con la cual se pican y aguijonean los bueyes y otros animales cuando tiran del arado o de la carreta. Los mato a cada uno de ellos, ganándose aún más la admiración de los Aidualc.
Alan no era valiente solo sabía pelear sus batallas con lo que tenía a la mano.
–Yo creo que si lo era– interrumpió Emilia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario